Formación Integral en Evangelismo para Líderes
El Código de Estándares para el Evangelista
En las palabras de Billy Graham: “Estos quince puntos proveen un Estándar bíblico para aquellos quienes Dios aparta para hacer ‘la labor del evangelista.’ Mientras que sabemos que todo cristiano debe ser testigo para Cristo, también nos damos cuenta de que Dios ha llamado a ciertas personas a una tarea específica de ministerio del evangelismo. El evangelista es una persona con un don especial del Espíritu Santo para anunciar las buenas nuevas del Evangelio. Los métodos pueden variar según la oportunidad y llamamiento del evangelista, pero la verdad principal permanece: un evangelista ha sido llamado y equipado especialmente por Dios para declarar el Evangelio a los que no lo han aceptado, con la meta de desafiarles a volver hacia Cristo en arrepentimiento y fe.” Este primer “Código de Estándares” para evangelistas fue afirmado por primera vez en la Conferencia Internacional para Evangelistas Itinerantes en Ámsterdam, 1983.
1. Confesamos a Jesucristo como Dios, nuestro Señor y Salvador, quien es revelado en la Biblia, la cual es la Palabra infalible de Dios.
2. Afirmamos nuestro compromiso a la Gran Comisión de nuestro Señor y declaramos nuestra disposición par air a cualquier sitio, hacer cualquier cosa y sacrificar todo lo que Dios requiere de nosotros en el cumplimiento de esa Comisión.
3. Respondemos a la llamada de Dios hacia el ministerio bíblico del evangelista y aceptamos nuestra responsabilidad solemne de predicar la Palabra a todo pueblo según las oportunidades que da Dios.
4. Dios ama a todo ser humano, quienes, siendo apartados de la fe en Cristo, están bajo el juicio de Dios y destinados al infierno.
5. El corazón del mensaje bíblico es las buenas nuevas de la salvación de Dios, la cual llega solamente por la gracia mediante la fe en el resucitado Señor Jesucristo y su muerte expiatoria en la cruz por nuestros pecados.
6. En nuestra proclamación del Evangelio reconocemos la urgencia de la llamada a una decisión de seguir a Jesucristo como Señor y Salvador, y hacerlo en amor y sin coerción ni manipulación.
7. Necesitamos y deseamos ser llenados y controlados por el Espíritu Santo al llevar testimonio del Evangelio de Jesucristo porque solamente Dios puede apartar los pecadores de su pecado y devolverles la vida eternal.
8. Reconocemos nuestra obligación, como siervos de Dios, de llevar vidas de santidad y pureza moral, sabiendo que somos ejemplo de Cristo a la iglesia y al mundo.
9. Una vida de oración y estudio bíblico habitual y fiel es esencial para el crecimiento spiritual y para el poder de nuestro ministerio.
10. Seremos mayordomos fieles de todo lo que Dios nos da, y rendiremos cuentas a otros en las finanzas de nuestro ministerio y seremos honestos al informar de nuestras estadísticas.
11. Nuestras familias son una responsabilidad que nos ha dado Dios, y son una confianza sagrada que hay que mantener tan fielmente como nuestra llamada de ministrar a los demás.
12. Somos responsables ante la iglesia y trabajaremos siempre para llevar nuestros ministerios de manera que edifique el cuerpo local de creyentes y que sirva la iglesia en general.
13. Somos responsables del cuidado spiritual de los que se acogen a la fe bajo nuestro ministerio, de animarles a identificarse con el cuerpo local de creyentes y de buscar provisión para la instrucción de creyentes a la hora de dar testimonio del Evangelio.
14. Compartimos la profunda preocupación de Cristo por los sufrimientos personales y sociales de la humanidad y aceptamos nuestra responsabilidad como cristianos y como evangelistas de hacer lo máximo posible para aliviar la necesidad humana.
15. Rogamos al Cuerpo de Cristo que se una a nosotros en oración y trabajo hacia la paz en nuestro mundo, hacia un avivamiento y una dedicación renovada de la prioridad bíblica de evangelismo en la iglesia, y para el cumplimiento de la Gran Comisión, hasta el retorno de Cristo.